| Prólogo para Españoles (I) |
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| Escrito por Padre Alfonso Gálvez |
| Miércoles, 10 de Febrero de 2010 04:57 |
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En el año 1930 comenzó a publicarse La rebelión de las masas, considerada como la obra principal del pensador español Ortega y Gasset. El estudio contenía un sugerente subtítulo: Con un Prólogo para franceses y un Epílogo para ingleses. De ahí se ha tomado la idea para titular el presente Editorial, sin ninguna otra relación del encabezamiento con el contenido del mismo ni con el libro de Ortega; sino con la mera intención de dar paso a una advertencia previa para lectores no españoles. El contenido del presente Editorial, si bien puede generalizarse en muchos aspectos, con resultados válidos en su aplicación a cualquier país, se refiere principalmente a España. Y más concretamente, a un importante evento a realizarse en Madrid del 16 al 21 de Agosto del año 2011: La Jornada Mundial de la Juventud. El objetivo del acontecimiento no puede ser más ambicioso y loable. Reunir a una gran masa de jóvenes católicos de todo el mundo, con asistencia del Papa, en un acto de reafirmación de la propia fe; ante sí mismos y ante el mundo: Arraigados y edificados en Cristo; firmes en la fe, es el lema de la Jornada. Difícil sería superar el objetivo perseguido y las intenciones que lo animan.
Toda actuación humana, sin embargo, y más todavía cuando se trata de una como ésta de tan gran envergadura y de tan importantes consecuencias, ha de afrontar una serie de posibles resultados a favor o en contra, de esperadas ventajas y de aleatorios inconvenientes. En suma, un abanico de beneficios a conseguir junto a una serie de peligros que afrontar. Sería, por lo tanto, irracional intentar llevar a cabo tal actuación sin un análisis previo profundo y bien estudiado. El cual habría de referirse a un proyecto capaz de prever, en forma de balance, un resultado en el que los beneficios superaran a las pérdidas o, si se prefiere decirlo de otro modo, las ventajas a los inconvenientes. Ante la importancia y transcendencia del evento, no existe razón alguna para pensar que sus organizadores no lo hayan hecho así. Sin embargo, con el mejor ánimo de colaboración, y puesto el pensamiento en la realidad de que son pocos quienes tienen ideas claras al respecto, aportaremos por nuestra parte algunas reflexiones capaces de servir de ayuda a alguien deseoso de profundizar en el tema. Ante todo, y partiendo como algo indiscutible de las buenas intenciones que motivan el acontecimiento, conviene recordar que una acción o actividad humana no puede juzgarse solamente atendiendo a las intenciones que la mueven. Puesto que se trata de una actividad enteramente cristiana, con marcados objetivos sobrenaturales, es justo analizarla con los criterios utilizados por los moralistas católicos para juzgar los actos humanos. Los cuales criterios, o aquellos que delimitan la bondad o malicia de los actos llevados a cabo por el hombre son, como todo el mundo sabe, el objeto en sí mismo, el fin perseguido mediante la realización de la acción y, por último, las circunstancias concurrentes. Con arreglo a ellos, y en orden a facilitar el orden del pensamiento y la facilidad de su entendimiento, ofrecemos una serie de puntos a la reflexión de quien desee examinarlos; con el único fin de que, libremente y según su arbitrio, además de añadida la suficiente dosis de buena voluntad, los acepte o los rechace. 1) Y el primero se refiere a las circunstancias que rodean y acompañan al acto. De las cuales es la primera y por demás importante, la que se refiere a su gestación y, con ella, al correspondiente placet para celebrarlo por parte de la Autoridad civil. La cual ha otorgado la correspondiente autorización para celebrar un acto religioso que, por otra parte, es de carácter católico. Dado que tal Autoridad es la de un gobierno ateo y marxista, perseguidor incansable de todo lo que posea carácter cristiano, y sobre todo si es católico, sería ingenuo pensar que no haya exigido la correspondiente compensación. La Jerarquía católica hará bien en no intentar pretender que los fieles piensen otra cosa; puesto que tal intento supondría indefectiblemente subestimar la inteligencia y el sentido común del pueblo cristiano. Por otra parte, dado el carácter y la condición del actual Gobierno de España, y conocido el modo de proceder de la ideología que lo anima, cualquiera puede pensar que la compensación exigida habrá sido de suficiente envergadura. Mientras que dar a entender, por el contrario, que todo ha quedado reducido al consentimiento para la celebración del acto, al que se ha añadido generosamente una módica contribución o subvención, sería pretender que la gente no utilice el sentido común para pensar. En este sentido, la Jerarquía católica no puede considerar suficiente una actitud silenciosa, la cual podría dar lugar, sin duda alguna, a las suficientes especulaciones como para agravar el problema. A lo que habría que añadir, por ser cosa pública y notoria, el viaje a Madrid del Cardenal Secretario de Estado, tenido lugar hace relativamente poco tiempo, con el consiguiente fortalecimiento de relaciones del Vaticano con el Gobierno de España, pese a la ideología y al modo de actuar de este último que, por cierto, ha continuado y se ha mantenido sin variación alguna. La Jerarquía católica es la principal interesada, habida cuenta del bien espiritual de los fieles, de aclarar una situación que, sin lugar a dudas, puede prestarse a especulaciones nada favorables por parte de personas de mala voluntad. A los fieles les agradaría saber que la compensación recibida por el Gobierno, de parte de la Jerarquía, vale la pena ser pagada habida cuenta de los beneficios que ha de producir la Jornada Mundial de la Juventud. De otro modo, las elucubraciones serían inevitables. De hecho, ya hay quien cree percibir un extraño silencio, por parte de la Jerarquía católica, ante una multitud de manejos dañosos para la Iglesia y cuya autoría de todos es conocida. Dado que, afortunadamente, los católicos profesan en general devoción y afecto hacia sus Pastores, serían altamente convenientes algunas aclaraciones en este sentido. (Continuará) |



