| La Alegría Cristiana o la Perfecta Alegría (I) |
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| Escrito por Padre Alfonso Gálvez |
| Miércoles, 12 de Mayo de 2010 03:48 |
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La Alegría es uno de los misterios más impenetrables y apasionantes que presenta la naturaleza humana. Se encuentra estrechamente relacionada con el Amor; y tal vez no sea exagerado decir que ambos tendrían que ser escritos con mayúscula cuando aparecen en su estado más sublime y elevado, a saber: la Perfecta Alegría y el Perfecto Amor. Sin que obste en contrario el hecho de que ambos no sean poseídos por la naturaleza humana sino como una participación de la Alegría y del Amor infinitos. Además conviene adelantar que la Alegría es tan fundamental en la existencia humana como el Amor; del cual depende directamente como el primero y más importante de sus frutos. Comparada con el Amor, no suele repararse demasiado en la importancia que tiene la Alegría en la existencia humana. Demasiado habituado a la mediocridad, no es extraño que el ser humano no conozca sino formas muy imperfectas del Amor; cuando no contrahechas. Y dado que la Alegría depende por completo del Amor, he ahí la razón de que la humana naturaleza no sepa a menudo de la Alegría sino en modos y maneras tan imperfectos, o tan exiguos si se quiere, que apenas si merecen ese nombre. No es extraño que haya llegado al convencimiento de que la tristeza forma parte del modo normal de su vida. Los que nunca han conocido la Alegría son los mismos que la confunden con los modestos placeres —por llamarlos de alguna manera— que salpican, muy de cuando en cuando, la existencia humana.
Parece que en lugar de utilizar la expresión alegría cristiana, sería más acertado hablar sencillamente de la Alegría; sin el añadido de determinaciones adjetivas. Puesto que sólo la alegría cristiana es la que realiza la esencia de la verdadera Alegría, es conveniente atribuirle lo mismo que se dice del Amor. Según un concepto bastante amplio, la alegría parece encontrarse, con respecto a la alegría cristiana, en la misma relación que el amor con respecto al Amor perfecto. Y lo mismo que el Amor perfecto es el único que puede ser considerado como el verdadero Amor, así también la alegría cristiana es la única que puede ser llamada propiamente la Alegría Perfecta; o la Alegría si se quiere, sencillamente y sin más. Por otra parte, si bien es cierto que la alegría cristiana es la única que se identifica con la Alegría, también es necesario decir que no es una realidad fácil de explicar. Se puede decir con seguridad que con la verdadera Alegría, para los que nunca la han conocido, sucede lo mismo que con los colores o sonidos en aquéllos que nunca los han percibido; que son cosa imposible de explicar, desde el momento en que no existe punto alguno de referencia. La dificultad llega a su punto culminante si se considera que la Perfecta Alegría es una realidad sobrenatural. El problema comienza a complicarse cuando se tiene en cuenta que la alegría cristiana acontece en un doble estadio: durante el presente peregrinaje del cristiano sobre la Tierra, en el que se encuentra en grado de desarrollo y evolución; y en la situación definitiva de estancia en la Patria o Ciudad Celeste, que es donde por fin alcanza su plena madurez y compleción. Y si bien en la primera etapa le corresponde ya con toda propiedad el nombre de alegría cristiana, es en el estadio definitivo donde pierde toda su connotación adjetiva para convertirse sencillamente en la Alegría. Aunque es evidente que, vistas así las cosas, la alegría cristiana no podría ser identificada como la Alegría sin más. Y así parece ocurrir, en efecto, durante la presente etapa de la existencia; en la que solamente se presenta en forma de arras o primicias; tal como sucede con el Amor, al que sigue siempre fielmente la Alegría como su derivación lógica y necesaria. Y en realidad no podría ser de otro modo. Sin embargo, y a pesar de que la precisión que acaba de hacerse deba ser tenida en cuenta, parece lícito afirmar que la alegría cristiana posee cumplidamente, ya desde ahora, las cualidades de la Perfecta Alegría. Como sucede con el amor divino–humano, que si bien alcanza su culminación solamente en el Reino de los Cielos, también y pese a todo puede ser considerado perfecto en algún estadio de su evolución terrenal. Abundan esta consideración sobre la alegría, durante la presente etapa, algunos textos de la Escritura que, como el de Jn 15:11, consideraremos más adelante. En palabras del mismo Jesucristo: Os he dicho estas cosas para que mi gozo esté en vosotros y para que vuestra alegría sea completa[1]. [1] [1] Las ideas contenidas en esta nueva seria de editoriales están basadas en lo que se dice en el libro del autor, Comentarios al Cantar de los Cantares, Shoreless Lake Press, N.J., 2000, vol. II, pags. 167 y ss. |
| Última actualización el Miércoles, 12 de Mayo de 2010 08:21 |



