El Diablo reza Maitines (y V) Imprimir E-mail
Escrito por Padre Alfonso Gálvez   
Domingo, 07 de Febrero de 2010 02:26

—¿Pero qué digo, fraile infeliz?  —el Diablo se exaltaba cada vez más— No solamente he abaratado la santidad, sino que ¡he abaratado también la salvación!  Fíjate bien: ¡Ahora gratis y para todo el mundo! 

 

—¿Dices que salvación gratis y para todo el mundo?  ¿Y que eso es obra tuya?  Pero entonces…— El Hermano Pedro, que se sentía aturdido, ya no sabía que pensar.

 

—¡Si, hombre, sí…!  ¡Una obra maestra!  Deja que te explique. ¡Ah, los humanos, ¡siempre con vuestro cerebro de mosquito…!  Pero escucha:

 

—Vuestro Jefe había puesto demasiado caro el billete de ida para eso que llamáis el Cielo. Que si perder la propia vida; que si negarse a sí mismo; que si la senda estrecha y empinada por la que camina poca gente, puesta en contraste con la otra, ancha y fácil, por la que circulan la mayoría de los humanos. Te digo Pedro que hoy día, con tantas estadísticas y tantos sondeos de opinión de los que hacéis gala, esta estadística de vuestro Jefe es la única veraz que conozco.

 

—Pero la salvación barata, o mejor aún la salvación gratis, se basa en las maravillosas doctrinas del cristianismo anónimo y de la unión de Cristo con todos los hombres por su Encarnación. Ya sabes; todo eso. Pero también, en buena parte, en lo que considero mi gran hallazgo de los tiempos modernos: la ley de las compatibilidades.

 

El Hermano Pedro estuvo a punto de dar un respingo.

 

—¿Otra ley económica, o quizá para funcionarios? 

 

—¡Bah…!  —Satanás pareció enfurecerse— Tu inutilidad es mayor que la de un agente pastoral laico made in el postconcilio. Tú te refieres a esas leyes que llaman de incompatibilidades. Pero la mía funciona al revés —la verdad es que todo lo mío funciona al revés—, puesto que hace compatibles las cosas más contrarias y disparatadas entre sí. Te explico:

 

—La primera compatibilidad consistió en acomodar el marxismo al evangelio. O para decirte la verdad, cosa a la que me obligan los de Arriba, en acomodar el evangelio al marxismo. No puedes imaginarte la cantidad de carnaza que nos ha proporcionado la que llamáis Teología de la Liberación.

 

—Luego vinieron las de los nuevos católicos. Y aquí una larga lista que es todo un encanto, muchacho: católicos por el socialismo, católicos socialistas, católicos abortistas, católicos feministas, católicos divorciados, católicos no practicantes, católicos que no reconocen al Papa, católicos progresistas, católicos de conciencia autónoma, católicos liberales, católicos partidarios del diálogo, del espíritu conciliar, de la revisión de los dogmas… ¡Puf! , ¿y para qué seguir…?

 

—Pero la mejor de todas las inventadas por mí es la que se basa en la idea de la democracia. Vuestro Jefe fundó una Iglesia monárquica, no cabe la menor duda; aunque muchos se esfuerzan ahora en ocultarlo o, al menos, en que lo olvidéis. La cosa iba así: el Papa, para toda la Iglesia, los Obispos, cada uno de ellos como suprema cabeza y Pastor en su diócesis (a la vez que todos estaban sometidos al Papa)… Y hasta, si quieres, los humildes párrocos trabajando en sus parroquias, gobernando según su conciencia y su buen entender.

 

Aquí el Diablo hizo una pausa para mirar al fraile con ojos que querían ser de triunfo.

 

—¡Pero yo he conseguido, Hermano Pedro, introducir en vuestra Iglesia la idea de la necesidad de la democracia!  Para lo cual, el gran truco utilizado no ha sido otro que el de la Colegialidad. Suena bien, ¿eh…?  Desde ahora, el Papa debe contar con los Sínodos; los Obispos, a su vez, quedan controlados por las Conferencias Episcopales (y ya me preocupo yo de introducir en ellas grupos de presión, de esos que mantienen una conexión directa conmigo). ¿Y los infelices párrocos?  ¡A esos los he dejado sin trabajo, Pedro…!  Fíjate bien: De la predicación se encargan los diáconos permanentes; de las lecturas y de la mitad de las funciones litúrgicas se encargan los laicos; las finanzas parroquiales quedan bajo la exclusiva responsabilidad de los laicos; la organización de la pastoral parroquial se somete a la tutela del Consejo Pastoral de laicos; la Liturgia es vigilada por la Comisión Parroquial de Liturgia formada por laicos; sin contar con la obligación del párroco de tener siempre en cuenta las celebraciones interconfesionales y, por lo tanto, lo que exija la buena convivencia con los hermanos separados; la…, bueno, creo que no desearás que continúe. Y sin duda estarás pensando si acaso queda alguna actividad exclusiva del párroco; pues claro que sí, hombre: la de firmar los cheques para pagar las facturas…, siempre que haya conseguido previamente la aprobación de la Comisión Parroquial de finanzas integrada por expertos laicos.

 

—Y lo mejor de todo, Hermano Pedro; lo mejor de todo. Porque la Iglesia democrática, una vez cambiada su constitución interna, ya no es la fundada por vuestro Jefe.

 

El Hermano Pedro comenzaba a sentirse molesto. Por otra parte, ¿y los frailes sus hermanos?  ¿Habrían terminado ya los rezos? 

 

Repentinamente unos toques de campana le sacaron de dudas, además de causarle un sobresalto más bien próximo a un susto mortal. De repente se encontró en su lecho y dentro de su propia celda. Sudoroso, angustiado y un tanto jadeante. ¿Pero entonces…?  ¡De modo que todo había sido una horrible pesadilla…!  El Hermano Pedro estaba intentando respirar hondo, al mismo tiempo que se sentía algo así como un náufrago de varios días, a punto de morir y rescatado del mar.

 

Vistió su hábito, lo más rápidamente que pudo y, todavía sin reponerse de la pesadilla, se encaminó a la capilla del convento. Oyó como los frailes entonaban ya los primeros versículos de Maitines: Deus in adiutórium meum intende… El Hermano Pedro pasó a ocupar su asiento de siempre en el fondo del coro, mientras se disponía a abrir su libro. Cuando se preparaba para santiguarse, oyó un ruido a sus espaldas que le hizo volver la cabeza. El Hermano Pedro miró hacia atrás y no pudo reprimir un profundo escalofrío.

 

La puerta trasera del coro chirriaba en sus goznes al mismo tiempo que, con cuidado y silenciosamente, se abría lentamente…

Última actualización el Miércoles, 10 de Febrero de 2010 08:56