Caminando hacia la Montaña Patria (II) Imprimir E-mail
Escrito por Padre Alfonso Gálvez   
Miércoles, 04 de Enero de 2012 18:07

Durante la larga y fatigosa estrada que el cristiano recorre hasta llegar a la Patria, en ningún momento camina solo. Pues Dios ha creado al ser humano de manera que nunca alcance su destino final en solitario, ya sea de salvación o de condenación. Por lo que las acciones llevadas a cabo durante el periplo de su existencia siempre tienen una amplia repercusión, positiva o negativa, hacia los otros; e incluso a veces hacia muchísimos otros.

 Pero sobre todo para el cristiano el viaje posee otra significación especial. Pues habiendo sido creado para amar, su existencia tiene por destino un Amor que, ya desde ahora, se proyecta hacia sus hermanos aunque sólo verá su culminación en la Patria. Y es que, mientras dura el tiempo de la peregrinación, es imposible amar a Dios sin amar al prójimo (1 Jn 4:20), de tal modo que ése es el sello de autenticidad de los cristianos: En esto conocerán que sois mis discípulos... (Jn 13:35). Por eso el Maestro enviaba a sus discípulos a predicar de dos en dos (Mc 6:7; Lc 10:1), habida cuenta que no es suficiente para los hombres la proclamación de la palabra, sino que necesitan también un testimonio visible.

 Ya desde el primer momento de la creación, Dios manifestó su intención de hacer que la existencia humana tuviera un carácter social: No es bueno que el hombre esté solo (Ge 2:18). Aunque por lo que hace al cristiano, existen otras importantes razones que le van a impedir sentirse un ser aislado o caminar en solitario: el hecho de formar parte, por ejemplo, como un miembro más, del Cuerpo Místico de Cristo; o la circunstancia de que el amante igualmente ama a las cosas amadas también por la persona objeto de su amor..., etc. En definitiva, a la alegría de caminar siempre junto a sus hermanos se refiere el verso cuando ruega al peregrino, caminante hacia el otero o Monte de Sión, para que le deje marchar a su lado; y por eso dice también:

 

Acude y caminemos,
y cruzaremos juntos por el vado,
y juntos buscaremos
las huellas del Amado
hasta encontrarnos juntos a su lado. 

 

Sin embargo, como tantas veces hemos dicho, la existencia cristiana está llena de paradojas, y aquí estamos precisamente ante una de las más importantes. Se trata de que el cristiano, efectivamente, ama a sus hermanos y culmina con ellos una andadura conjunta hasta el Destino final. El hecho de caminar juntos ya es un motivo de gozo para él..., aunque sin embargo y pese a todo, necesariamente llegará un momento en el que habrá de sentirse solo.

 El Señor había dicho que éste es mi mandamiento: que os améis los unos a los otros como yo os he amado (Jn 15:12). Y así es como ha de llevarse a cabo el peregrinaje cristiano en su totalidad. Pero el hombre ha sido hecho para el Amor Perfecto y Total, según el dicho de San Agustín: Nos hiciste, Señor, para Ti, y por eso nuestro corazón estará inquieto hasta que descanse en Ti, por lo que ningún otro amor le puede satisfacer. Hasta que al fin llega el momento en que adquiere conciencia de la triste realidad del Mundo que le rodea; no porque el Mundo sea en sí mismo malo (fue creado bueno), sino porque lo contempla tal como es ahora: envuelto en un inmenso manto de iniquidad que lo cubre y que, a lo largo de los siglos, ha ido creciendo e incluso todavía se encuentra a la espera de alcanzar su punto culminante. De hecho, el realismo cristiano, sin llegar jamás a convertirse en pesimismo (dejaría de ser cristiano), sigue siendo realismo: por eso no deja de ver que el odio, la maldad, la mentira y la injusticia han plantado sus reales en el Mundo presente. Así es como el cristiano comprueba en propia carne que nada puede colmar su corazón, al cual él percibe cada vez más insatisfecho y distante de todo lo que le rodea. De manera que ninguna especie de amor humano, ya sea el conyugal, el paterno--filial, o la amistad en cualquiera de sus formas, ni ninguno de los sucesos o acontecimientos, prósperos o adversos de la vida, pueden satisfacer sus ansias de Felicidad Perfecta. Y todo porque en ninguna parte encuentra el Amor Total que su corazón anhela y del cual necesita ser colmado. Hasta que llega lo inevitable y un día, al fin, se siente invadido por el sentimiento de la soledad.

 ¿Habrá que concluir entonces que el cristiano es un ser solitario? De ninguna manera, pues además la paradoja continúa. Ya no se trata de caminar o no en solitario, sino que es llegado el momento en que alguien siente la necesidad de marchar junto al Único que es capaz de colmar su corazón:

 

Déjame que te siga, compañero,
mi dulce amigo, Esposo bien amado,
para que andemos juntos el sendero
que sube desde el valle hasta el collado.

 

Claro que eso no significa olvidarse de los hermanos. Sino de verlos ahora y amarlos solamente a través de los ojos y del Corazón del Amado. Lo que garantiza una visión mucho mejor, tanto en perspectiva como en profundidad, además de un amor infinitamente más intenso. Jesucristo vivió y experimentó como nadie esta situación y dejó exacta constancia de ella: Mirad que llega la hora, y ya llegó, en que os dispersaréis cada uno por vuestro lado y me dejaréis solo; aunque yo no estoy solo, porque el Padre está conmigo (Jn 16:32). Y lo mismo sucedió con San Juan Bautista, el Precursor: El amigo del Esposo, el que está presente y le oye, se alegra grandemente al oír la voz del Esposo. Por eso mi alegría es completa (Jn 3: 29).

 Si no para todos los hombres, pero sí para los que supieron amar, llega un momento en la vida ---¡oh feliz hora!--- en el que nada, pero absolutamente nada, puede curar las heridas causadas por el transcurrir de la vida y calmar las ansias del corazón; como no sea el gozo que se desprende de la presencia y compañía del Amado. Solamente Él, en la soledad de la que hablaba San Juan de la Cruz y al aire puro de la cima de la montaña, es capaz de llenar de una indescriptible Alegría el malherido y maltrecho corazón del hombre:

 

Mi Amado, subiremos
al monte del tomillo y de la jara,
y luego beberemos
los dos, en la alfaguara,
el agua rumorosa, fresca y clara.  
Última actualización el Jueves, 05 de Enero de 2012 08:36