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Madrid y el Gayismo

Escrito por P. Alfonso Gálvez. Publicado en Escritos del P. Alfonso

 

Desde el día 23 del presente mes de Junio, hasta el día 2 de Julio, El Movimiento Gay, que algunos conocen como Gayismo, celebra con todo fasto y extraordinaria pompa el Día Mundial del Orgullo Gay. La cual festividad, pese a su nombre necesita no de uno, sino de diez días para mostrarse. Seguramente porque el tal Orgullo, como sucede siempre con los Orgullos, es sobreabundante y extenso, como suele decirse en la frase corriente de rebosante de orgullo.

Efectivamente, el Gayismo tiene toda la razón. Pues los Orgullos, por definición necesitan mostrarse, ser admirados, envidiados y aplaudidos. Si el Orgullo no se manifestara con bombo y platillos, ¿de qué iba a estar orgulloso? Un Orgullo sin fanfarria se desinfla como un globo de plástico cuando se pincha. No tendría sentido si el Orgullo se quedara meramente para sí mismo, pues nada tiene en sí mismo para admirarse, sino que, de propia naturaleza, todo su oropel depende de los demás.

Y aquí es donde llega la primera pregunta, pues si nada tiene, ¿de qué se enorgullece? Ya hace tiempo que el Apóstol San Pablo, en un franco alarde de sentido común, había dicho a los Corintios en la Primera de las Cartas que les envió: ¿De qué te enorgulleces? ¿Qué tienes que no hayas recibido? Y si lo has recibido, ¿por qué te enorgulleces, como si no lo hubieras recibido? Pero el Gayismo será el primero en reclamar que no ha recibido nada de nadie, y de ahí la primera dificultad.

Claro que habrá quien diga, en contra de lo que se acaba de afirmar, que tiene perfecto sentido cuando alguien dice que está orgulloso de sí mismo. Pero, si bien se mira, eso mismo significa que alguien está orgulloso de poseer un valor superior que le viene de afuera: un héroe de guerra, un héroe de la investigación, un héroe en el servicio a los demás... De otro modo nada tiene de qué orgullecerse. En conclusión, el orgulloso necesita siempre dar razón acerca de qué es lo que lo orgullece, lo cual es siempre algo distinto de sí mismo.

Y aquí es donde comienza la segunda dificultad. Más grave que la primera, y que el Gayismo tendrá que solventar si acaso espera merecer crédito.

El Orgullo hace siempre referencia a la posesión de un valor superior. De otro modo, ¿en qué se fundamenta, como no sea en la nada? Pero el problema aparece desde el momento en que el Gayismo proclama que no existen valores superiores, como no sea el de sí mismo. Pero ya hemos demostrado que el orgullo de sí mismo, fundamentado en sí mismo y no en otra cosa, no es sino vacío y no tiene sentido.

Ya el hecho de no admitir valores superiores pone en graves dificultades al Gayismo. Pues unos hipotéticos valores inferiores, por definición no tienen otro sentido que el absurdo y carecen de significación. El valor no está en lo inferior, sino en lo superior.

El Gayismo no tiene otro camino, por lo tanto, que buscar algún valor superior del que orgullecerse. Sin embargo, ¿dónde está ese valor superior del cual hasta ahora no se ha dado ninguna razón ni señalado ningún lugar?

Para convencerse de que el Gayismo carece de cualquier valor del que orgullecerse, bastaría con requerirlo para que lo señalara: En concreto, ¿de qué valor superior se enorgullece?

A lo que el Gayismo responderá enseguida que se enorgullece de su homosexualidad. Aunque entonces tendrá que demostrar que la homosexualidad es superior a la heterosexualidad. No basta con procramarlo, por más que se haga a grandes voces, sino que hay que demostrarlo. Pero, ¿por qué copular una persona con otra del mismo sexo es algo superior, o siquiera de la misma categoría, que la copulación heterosexual? La unión sexual normal (una persona con otra del sexo contrario) no necesita demostración: posee un valor por sí misma que nadie va a cuestionar. Ahora falta por demostrar la bondad de la unión según la homosexualidad.

Hasta ahora el Gayismo no ha dicho, con respecto al tema, sino que es algo de lo que hay que estar orgullosos. Pero sin aportar argumento alguno que lo pruebe. ¿Habrá que darle a la farándula y al griterío el valor de pruebas?

Los enemigos del Gayismo, en cambio, han aportado multitud de argumentos contra la práctica de la homosexualidad. La voz de la misma naturaleza, que habla por sí sola y se opone a todo lo que se suele llamar contra–natura, la consideración de aberración vergonzosa con que la Humanidad ha reconocido al Gayismo desde siempre, la voz y los castigos de Dios plasmados en la Biblia, el inevitable ridículo que la homosexualidad desprende en muchas de sus situaciones... Al matrimonio de un hombre con otro hombre, por ejemplo, una Sociedad corrompida podrá adornarlo y hacerlo aparecer como quiera. Pero es imposible dejar de reconocer que es algo que parecerá inevitablemente ridículo para cualquier persona de sentido común. Como ocurría en el desfile del Rey desnudo, nadie decía nada, e incluso aplaudía, pero todo el mundo reconocía en su interior que el Rey se estaba exhibiendo en cueros y haciendo el payaso. Habría sido interesante que tales argumentos, entre muchos otros que suelen esgrimirse, hubieran sido desmontados por el Gayismo, cosa que hasta ahora no ha sucedido.

En el capítulo 19 del Libro del Génesis se habla de los históricos sucesos de las ciudades de Sodoma y Gomorra. La narración hace alusión a hechos que no dejan de llamar la atención con respecto al problema. Allí se dice que después de haber recibido Lot como huéspedes a los varones que habían llegado a su casa, los hombres de la ciudad, los habitantes de Sodoma rodearon la casa de Lot, jóvenes y viejos, todos sin excepción (19,4). Continúa la narración diciendo que llamaron a Lot para increparle: ¿Dónde están los hombres que han venido a tu casa esta noche? Sácanoslos para que los conozcamos (19,5). La Antigüedad tenía un sentido muy acabado de la hospitalidad. No es extraño que el Libro del Génesis hable del temor de Lot y de cómo trató de proteger a sus huéspedes, ofreciendo incluso a la turba de hombres que lo acosaban sus propias hijas, que eran vírgenes: Por favor, hermanos míos, no hagáis semejante maldad. Mirad, dos hijas tengo que no han conocido varón. Os las sacaré para que hagáis con ellas lo que os parezca. Pero no le hagáis nada a esos hombres, pues se han acogido bajo mi techo (19, 7–8). La respuesta de los hombres de Sodoma fue contundente: Quítate allá. Quien ha venido como extranjero, ¿va a querer gobernarnos ahora? Te trataremos a ti peor todavía que a ellos (19,9).

Sería de esperar aquí, y también de agradecer, un esfuerzo del Gayismo para justificar que la postura de los sodomitas era la correcta, dada la tremenda dificultad, después de leer la escena, que supondría dejar de pensar lo contrario. Se trataría de justificar el legítimo Orgullo de los varones de Sodoma ante la actitud adoptada por ellos, que es un trabajo que está por hacer.

A lo largo de los siglos se han hecho multitud de estudios e interpretaciones sobre este delicado pasaje del Génesis. Pero el sentir general de toda la Humanidad, con respecto a lo que se desprende de la narración, ha sido unánime hasta ahora. Por otra parte, el problema que se plantea aquí es mucho más delicado.

Sucede que, según la narración del Génesis, Dios tomó cartas en el asunto y arrasó las dos ciudades de Sodoma y Gomorra con fuego del cielo hasta reducirlas a cenizas. Y dado que la Historia tiende a repetirse, sería prudente de antemano descartar la posibilidad de que en este caso ocurra lo mismo. ¿Que no es posible que tal cosa suceda? Pero, ¿por qué...?

Y aquí entrará en liza el paganismo y el ateísmo con las conocidas razones de siempre. La Biblia es un libro de supersticiones, carece de veracidad histórica, la existencia de Dios es una creación del espíritu humano (los mismos católicos reconocen que Dios necesita de nosotros para existir) etc., etc.

Sin embargo, como se acaba de decir, el problema que se afronta aquí es sumamente grave. La tremenda realidad es que, así como el Cristianismo aporta multitud de pruebas, filosóficas, teológicas y hasta de sentido común, sobre la existencia de Dios, el paganismo, en cambio, jamás ha podido demostrar la no existencia de Dios. En cuanto al mundo de la Ciencia, todo indica que es favorable a la existencia de Dios. Con respecto a las teorías sobre la Creación, por ejemplo, la pugna entre las doctrinas del darwinismo y la del designio inteligente, ideologías y prejuicios aparte la razón está a favor de la última para cualquiera que piense con serenidad.

Que no es probable que vaya a producirse un castigo de Dios sobre el poderoso mundo del Gayismo, aceptado. Efectivamente, es posible que no se produzca.

Por el contrario, que cabe la posibilidad de que se produzca, también es posible. Se han aportado argumentos, siquiera sea a modo de resumen, a favor de esa conclusión. Consecuentemente en cambio, negar la posibilidad de que se produzca ese Castigo recabaría una serie de argumentos. Pero, ¿quién, y mediante qué principio de autoridad se atrevería a negar esa posibilidad?

Establecidas las premisas, fácilmente se llega a la conclusión de que residir en Madrid tal vez sea peligroso, por lo que pueda ocurrir. Ahora durante el decenio, tal vez después o en cualquier momento. Dios posee un perfecto dominio de los tiempos y conoce los momentos. Tal como el señor Rajoy, sólo que mucho mejor y con mejores resultados.

Establecidas las bases del problema, bien que someramente, cabe todavía preguntar: ¿Por qué el Gayismo celebra su Día Mundial precisamente en Madrid?

Y la respuesta, al menos en principio, no parece difícil. Madrid es una ciudad importante, no parece sufrir de momento los efectos del terrorismo, es centro fundamental del turismo, etc. Son razones que avanzan una posibilidad, efectivamente.

También existen otras razones, cuya posibilidad tampoco se puede negar. Dada la naturaleza del evento, España y Madrid concretamente ofrecen la cobertura suficiente de condiciones favorables (los enemigos del Gayismo hablarían aquí de la suficiente corrupción) para acoger la fasta Celebración. Además, la mentalidad de los españoles, y en particular la de los madrileños, está más que adormecida para mirar como algo digno de ser celebrado y exaltado lo que mucha gente, por el contrario, consideraría un pudridero de corrupción. Item más, porque las condiciones de la municipalidad madrileña son ya bastante conocidas en el mundo entero como para que nadie vaya a extrañarse de que acoja estos eventos. Pues siempre existen mentalidades estrechas que, por eso mismo, son incapaces de comprender las excelencias de una municipalidad selecta que ha realizado el milagro de convertir la Capital de España en algo por completo irreconocible. Y ya puestos en aportar razones, Madrid también está dotada en su gobierno de una serie de líderes, tanto en lo político como en lo municipal y sobre todo en lo religioso, que son ampliamente conocidos por su actitud de silencio y de serenidad, además de una amplia capacidad de paciencia, de eludir complicaciones y de saber evitar problemas, verdaderamente dignas de loa.

En suma, bienvenido a Madrid el Día Mundial del Gayismo. Se espera una avalancha de extranjeros, se han habilitado todas las plazas de alojamiento existentes en Madrid y se han anunciado unos festejos por todo lo alto. Queda invitado todo el mundo que posea espíritu abierto. Solamente se requiere el dinero necesario, grandes deseos de diversión..., y mucha valentía, por supuesto.